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Natural vs artificial

“El matrimonio y la monogamia no son naturales” Con esta joya saltaba hace meses Scarlett Johansson. Quiero pensar que es una frase sacada de contexto por un periodista malintencionado porque si no la muchacha se habría quedado calva. Al parecer se acababa de divorciar de su segundo marido.

Claro que el matrimonio no es natural. Natural es defecar, fornicar, despilfarrar…Y más verbos que contienen la letra F. Desposarse y sus correspondientes sinónimos de momento no suenan a F de fallecer, por ejemplo, que es la más natural de las EFES.

Pero yo he venido a hablar de joyería; joyería artificial, naturalmente, y del plástico en concreto y todas sus versiones que me apasionan. ¿Plástico y joyería? se preguntará alguno. Por suerte, hace tiempo que la joyería abrió sus puertas a nuevos materiales y dejó los prejuicios a un lado; esos pensamientos atávicos que defienden que una joya solo tiene apariencia de tal si brilla, pesa y lleva incorporadas piedras preciosas.

Las joyas ‘de plástico’ aparecieron a principios del siglo XX con la incursión de la baquelita y la galatita. El primer material, sintetizado en 1907 por el belga Leo Baekeland, comenzó a aplicarse en joyería con la crisis del 29. Era un material más barato y lleno de color al que enseguida sucumbieron mujeres de alto poder adquisitivo. No había oro ni diamantes que pudieran competir con aquellos divertidos brazaletes esculpidos con motivos florales y geométricos. La galatita, por otro lado, fue sintetizada en 1897 por el químico austríaco Adolph Stipteler en colaboración con el propietario de prensas de impresión de gran escala Wilhelm Krische, quien quería desarrollar una alternativa a los encerados de pizarra negra para lograr un fondo blanco que permitiese utilizar otros materiales de escritura. ¿El resultado? Un plástico que imita al marfil hecho a partir de la caseína, una proteína de la leche. Conocí este último material gracias a Ana, de PYC, una tienda de San Sebastián con un siglo de antigüedad que aún conserva un stockage de bisutería-joyería vintage que va desde los años veinte a los ochenta. Es una maravilla y no quiero extenderme porque pronto dedicaré un post a esta joya de la Calle Puerto.

Lo que para el común de los mortales son resinas acrílicas, plástico, metacrilato, nylon, baquelita… para los químicos son polímeros con sus infinitas combinaciones que toman forma sólida con diferentes propiedades mecánicas y nombres: poliamida, polietireno, cloruro de polivinilo, polipropileno, poliestireno… Explicado de una manera muy prosaica, se trata macromoléculas -en este caso artificiales- convertidas finalmente en coloridos y vistosos sólidos para nuestro gozo estético o en funcionales y prácticas piezas para optimizar recursos en diferentes sectores como el alimentario, aeronáutico, naval y un largo etcétera.

También hay polímeros naturales como el caucho, la seda, las proteínas y ¡el ADN! Me acabo de enterar. Perdón químicos del mundo por mi ignorancia. 

Llegados a este punto me ha dado por pensar que los humanos somos un poco plasticosos. Unos más que otros, todos somos capaces de deformarnos, calentarnos, deshinibirnos y volver a nuestra rigidez habitual. Somos naturalmente artificiosos y artificialmente naturales. Supongo que, como todo, esto también está inscrito en nuestro ADN.

  • In Memoriam

    Hoy la cosa va de memoria. De exceso de memoria y, para colmo, autobiográfica. ¿Será exceso de ego? No lo sé pero esto, como todo en el siglo XXI, también tiene nombre; se llama HIPERMNESIA y hay que darle un poco de voz en Mi Joyero 2.0…

    Y tú, ¿de qué bando eres?

    Me encantaba cuando mi compañero y periodista Gorka decía aquello de que en el mundo hay dos clases de personas: aquéllas que untan la tostada con mantequilla en dos segundos y sin pestañear y aquéllas que se deleitan con ello aupándolo a la…