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Y tú, ¿de qué bando eres?

Me encantaba cuando mi compañero y periodista Gorka decía aquello de que en el mundo hay dos clases de personas: aquéllas que untan la tostada con mantequilla en dos segundos y sin pestañear y aquéllas que se deleitan con ello aupándolo a la categoría de arte, cubriendo cada una de las esquinas con paciencia, con la misma cantidad y espesor en los cuatro costados, con la crema fluyendo en la misma dirección….

Yo pertenezco a la segunda clase de personas y Gorka es de las primeras; ¿igual por eso a veces le sacaba de quicio? Aitor en cambio también es de los primeros y creo que no le saco de quicio porque llevamos diez años conviviendo. Es más, poco a poco se va contagiando de esa forma mía de comer, despacito, masticando tranquilamente, pero lo que es más importante: diseñando bien el bocado antes de llevármelo a la boca. Él me bautizó hace años como la DISEÑADORA DE BOCADOS. Mucho antes de que se me pasara por la cabeza diseñar y fabricar joyas..

Esta teoría extrema y excesiva de Gorka, tal y como él es al menos cuando habla de sus dos grandes pasiones, la televisión y el tenis, es aplicable a cuantas materias conocemos. Es decir, el mundo puede dividirse en dos tipos de personas en todo aquello que nos de la real gana. Cada cual puede aplicarlo a lo que le interese porque sí, porque tú y yo lo valemos.

¿No os parecen maravillosos este par de pendientes que he puesto arriba? Al ver la imagen, uno no sabe si está frente a la maqueta de un edificio en plena explosión Art Decó o si se trata de un insecto futurista o de una máquina del tiempo. Sólo su creadora, la brillante joyera británica Wendy Ramshaw tiene la respuesta en su privilegiada mente.

Efectivamente son un par de pendientes suspendidos de lo que conocemos como un ‘display’ y que Ramshaw ha diseñado y fabricado expresamente para exhibir su joya. Su intención de mimetizar los pendientes con su soporte es evidente, consiguiendo una simbiosis perfecta, pero no lo es tanto su obra final que es todo lo contrario a evidente por su singularidad. El trabajo de esta mujer me sorprende enormemente.

Llegué a ella tras descubrir la maravillosa galería de Joyería Contemporánea Electrum Gallery y a una de sus cofundadoras: la también ingeniosa joyera Bárbara Cartlidge a la que por su puesto pronto dedicaré un post. En esta galería -abierta en Londres en 1970- han expuesto los joyeros más relevantes con piezas estéticamente deliciosas e impecablemente ejecutadas, que combinan lo mejor de la orfebrería tradicional (la técnica) con, a mi entender, lo mejor de la joyería contemporánea -la idea, el diseño y los materiales-.

Volviendo al juego reduccionista del principio, me acabo de acordar de una entrevista a un músico en la que decía: “El mundo de la música se divide en dos: por un lado están aquéllos para quienes ver tocar a un genio es un impulso, una motivación y aquéllos a los que les motiva ver a músicos mediocres o peor que ellos para ponerse a crear”. De nuevo, el mundo se divide en dos. Y yo lo tengo claro después de conocer a Wendy Ramshaw. Con un poco de suerte y si llego a viejecita quizás logre subir con mi bastón de madera y oro hasta el primer peldaño de una de sus maravillosas torres-display.

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