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Virgencita, virgencita...

Cuando deseo algo mucho pero escapa a mi control, rezo. Durante varios días he llevado en el bolsillo a la virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, pero debe de estar muy ocupada porque no me ha escuchado. Se la encargué a mi padre en uno de los muchos viajes que hace con su amigo Gonzalo por toda la península.

Juntos recorren España en viajes organizados por el Imserso; sí, esas hordas de jubilados que recorren las calles de las ciudades, en fechas poco vacacionales. Cáceres, Toledo, Madrid, Málaga… Ninguna ciudad se libra de ellos, porque todas tienen su encanto como cada jubilado tiene el suyo.

Quizás porque nunca parecen desviarse del grupo, etiquetamos a los jubilados viajeros como una masa que viene y va, que sube y baja del autobús, donde cada uno coge su postura y se abandona a su merecido descanso; de equipaje llevan lo esencial, ¿para qué más? Y caminan sin prisa, descubriendo plazas, santuarios y el románico rural que deslumbra, al igual que nuestros jubilados, por la ausencia de artificios y su aplastante autenticidad.

Enfocando un poco mejor, descubro que no son compradores compulsivos y saben gestionar su pensión. Pero una medallita de Guadalupe que ayude a mi hija, un poquito de aceite de Argán de Tánger para calmar su piel o un gorro de lana del Caminito del Rey que la proteja en el desfiladero de la vida, son una buena inversión. 

San Bernardino, patrón de los jubilados, cuida de todos ellos en sus viajes y también de las pensiones, que yo también quiero subirme algún día a ese autobús y recorrer España de arriba abajo; con Aitor, con mi hermana o con alguna de mis queridas amigas.

  • Lucky!

    Lucky es una maravillosa película que rinde tributo precisamente a todo aquello que damos la espalda en vida: a la vejez, a la lentitud y a la muerte. Harry Dean Stanton interpreta con maestría a un anciano de 91 años gruñón y malhumorado pero…